El hombre es un lobo para el hombre (Titus Maccius Plautus)

dimarts, 15 de juny del 2010

Des de la meva finestra.... (IV)


Yo, en un principio, le había pedido a mi Albert (qué posesiva!! Jeje) que quería traerme su portátil para gorrear internet y distraerme un rato hasta que él saliera del examen, pero veo que no me hace falta. Con el rollo interno que tengo y con lo que me gusta escribir (chorradas) ya tengo suficiente para distraerme. Soy fácil de distraer, creo. Me contento con poco, no necesito más. De hecho quería traerme una libreta pequeña que tengo y un boli para ponerme a escribir si no tenía conexión a internet. Pero tampoco me ha hecho falta. Mejor. No he conseguido conexión, pero el Word es uno de mis juguetes favoritos y ya sólo con el Office me quedo más entretenida que un tonto con un caramelo. Soy así de simple. No necesito grandes tecnologías, ya lo digo, con una libreta y un boli me hincho (de orgullo y satisfacción) a hacer dibujos chorras y escribir paridas y me lo paso teta. Ya está. Sencillo. Como todo lo que deseo hacer y construir con Albert. Todo ha de ser sencillo, si es complicado es que no ha de ser así. No vale la pena complicarse la vida para nada. Suficientemente complicado ya es todo lo que nos rodea para que encima nosotros mismos nos hagasmos las cosas más complicadas aún.
No. Ni hablar. Prou. Papel y boli si hace falta. El resultado es el mismo. Para pasarlo al Pendrive siempre hay tiempo. Más actual, más teconológico, más copias de seguridad, más rápido y cómodo, si quieres, pero no por ello más bonito. A mí, al menos, me encanta ver cuando la gente escribe manualmente. Es una tarea que cada vez se está perdiendo más. Lo veo en mí, que me jacto de que me encanta escribir y a veces me da una enooooooorme pereza de coger un boli, que es tremenda. Pero nada queda más personal que algo escrito con tu puño y letra. Ni punto de comparación con todas las TrueType que quieras del Office. Yo valoro más la intención y el esfuerzo de alguien que me escribe una pequeña nota con un rotulador medio gastado que la impresión Tahoma 12 en turquesa claro en papel de 90 g.

Está claro que cada cosa tiene su objetivo y no vamos a escribir a mano, en los tiempos que corren, todos los escritos de una oficina o empresa por pequeña que sea. Para eso están las herramientas que el hombre crea, para utilizarlas, aprovecharlas, evolucionar y mejorar las cosas. Con los manuscritos me refiero a la parte personal y detallista de cada ser. Esa pequeña frase en una postal con la firma, ese “T’estimo molt, melonet!” en un trozo de papel lleno de manchas de aceite por estar pegado al bocadillo que me hace mi txurri y que me esconde para que lo encuentre cuando voy a desayunar, esa nota de la lista de la compra con el dibujo de una carita sonriendo, ese niño pituso que empieza a hacer sus primeras letras y escribir sus primeras palabras con las letras al revés, no tiene precio. Para todo lo demás, MasterCard.

Me estoy partiendo la espalda. Me queda menos de la mitad de la batería en el portátil, y ya me veo volviendo a entrar dentro del Instituto para cobijarme del puñetero Lorenzo que me está quemando mi reseca piel de los bracitos y la tocha (dícese también “nariz”) y retomando mi libro de Opos para Técnico de Laboratorio en Hospitales ya que el portátil habrá muerto. Larga vida al portátil. Y mientras tanto, yo con la espalda encorvada, tirada en el suelo de este patio, porque no sé estar sentada como una persona civilizada occidental. Bueno, occidental desde nuestro punto de vista del mapa, claro está. Y si estoy más cómoda tirada en el suelo con las patejas abiertas en V o cruzadas en posición de loto meditabunda, ¿qué le vamos a hacer?... ¿Qué ejemplo les voy a dar a mis futuros vástagos, si es que los tengo?... Ya se verá, igual acabamos todos por los suelos y lo justifico con un tatami japonés… No estaría mal… No señor. Todos descalzándose en la entrada de casa para no enguarrar el resto, y el suelo con tatami y cojines grandes!!! Lástimas que para la hora de comer prefira tener la espalda un poco más recta para que baje mejor la mantuca en la panza. Más que nada porque no estamos acostumbrados desde pequeños, como los japoneses, a mantener la espalda totalmente erguida y recta para poder adaptarnos a comer en el suelo, arrodillados. Porque de poderse hacer, se puede. Que recuerdo que en Judo lo hacíamos antes de cada clase y al final te acostumbras y estás supercómododelamuerte, o sea.