El traslado no auguraba un buen desenlace desde mucho tiempo antes de hacerse efectivo... Se olía en el aire... Como bien diría Galadriel... Y más que nada porque sólo dos personas estaban de acuerdo con ello y, a su vez, deseosas de perder de vista el viejo pero tan familiar nido. Sus motivos tendrían digo yo, y de hecho ahora cada vez los veo con mayor claridad. Yo, sinceramente, no me hubiera marchado por nada del mundo, pero a fin de cuentas, "yo sola" era minoría y mi humilde opinión tampoco pintaba mucho en todo aquello... Era el último mono que había llegado a aquel apretado "hogar" y todavía no nos conocíamos los suficiente.
¿Cuántas veces se tuvo que posponer el dichoso traslado por mala organización y pura ansiedad? ¿Tres, cuatro veces? Al final aquello ya parecía un cachondeo o algo que nunca iba a realizarse hasta que llego el día en el que empezamos verdaderamente a movernos y a ir a buscar cajas de cartón para poderlo empaquetar todo. Aquello ya empezó a dar forma al hecho inevitable.
Dentro de todo lo malo y/o aparatoso que conlleva el realizar un traslado, he de confesar que fue incluso divertido. Quizás porque me encanta guardar cosas y descubrir otras de nuevas ocultas entre los miles de trastos que vas eliminando. Quizás porque el hecho de empaquetar hace que parezca que estás haciendo enormes regalos... Regalos que más tarde vas a tener que desempaquetar y volver a colocar en su nueva ubicación, algo ya no tan divertido, quizás, y lleno de discrepancias porque a cada uno le puede parecer mejor un lugar que otro o incluso innecesario de guardar... Yo en aquel momento hubiera tirado a la basura probablemente la mitad de las cosas, pero bueno, como no eran mías -de las mías ya hice lo debido- me limité a organizarlas y protegerlas en sus respectivas cajas y rotularlo todo para su posterior identificación. No hay algo más tedioso y enervante que ir abriendo cajas sin saber lo que hay dentro para poderlo guardar...
Por otro lado, aunque siempre trabajan los mismos (es la ley de "dos miran y uno trabaja"), en este caso, pusimos todos algo de nuestra parte, unos más que otros, pero al fin y al cabo tampoco importa tanto porque si no se hacía esfuerzo físico se tenía que hacer esfuerzo logístico o burocrático, por llamarlo de alguna manera. Así que tampoco guardo especial mal recuerdo de la cinta de embalaje sacando humo de entre mis pequeñas y rechonchetas manos y empujando las cajas, a veces ya a patadas, allá donde quedaba un hueco. Es increíble la cantidad de cajas que se pueden llenar sólo con las tonterías que se guardan -o esconden- en los cajones. Ya no digo en los armarios y bajo la pica del fregadero!! Parece que no hay nada y luego te haces cruces porque no te puedes imaginar dónde demonios lo vas a volver a "esconder" en el próximo antro al cual te diriges...
Una vez realizado el trabajo físico, entretenido si estás en buena compañía, llega la empresa encargada de llevarse todo lo que con tanto amor has embalado y es cuando realmente ves peligrar todo tu esfuerzo y tus pertenencias materiales... Hay que hacerse a la idea de que son sólo eso: pertenencias puramente materiales y reemplazable, en la mayoría de los casos, más que nada porque por algún motivo fuera de las leyes del universo siempre se acaba extraviando alguna caja pequeña que parecía sin importancia pero que por aquellas cosas de la vida habías metido algo allí de incalculable valor, a última hora, con las prisas... jejejeje... Típico!!
La verdadera desilusión y confirmación de que aquello no iba a ir bien en el futuro fue al llegar a el que iba a ser nuestro nuevo "nidito" y no precisamente de amor... Unas estancias sin terminar, las paredes sin acabar de enlucir o chapar (porque me niego a creer que el cemento a palo seco y los ladrillos a la vista sea arte postmoderno), las instalaciones de luz y agua de pura pena y sin funcionar la mayoría de las clavijas... Enchufes que no tienen conexión, armarios con las baldas del interior todavía por montar, el suelo sucio, sin persianas... ¿Sigo? No hace falta, creo yo. A mi entender, aquello no estaba tan maravillosamente acabado como se nos había explicado mil veces o quizás sería porque se nos había hablado de tantas maravillas que nos habíamos hecho unas desmesuradas ilusiones (ópticas?) o porque la persona que nos había relatado toda aquella sarta de mentiras para convencernos de los beneficios del puñetero traslado no vive en el mismo mundo real que el resto de mortales... Realmente no lo sé, y a estas alturas ya casi ni me importa porque el ser humano tiene tal capacidad de adaptación que siempre me maravilla y en estos momentos ya ni veo las tuberías del gas -y del tan potente aire acondicionado- que quedan al descubierto en el techo... Prefiero imaginarme que estoy en un Loft, soy bohemia, vivo de pintar cuadros y de acostarme con poetas borrachos que me dedican sus versos antes de suicidarse y que la vita é bella y tenemos que dar gracias por estar todavía en ella...
Bueno, ni que decir que las dos personas más entregadas e interesadas en el citado traslado estaban encantadísimas con el cambio mientras el resto sólo veíamos los múltiples e infinitos defectos de lo que se hace llamar "construcción" que nos intentaba mantener allí como si fuera un hogar... ¡Qué hay del piso de mis padres, con más de 35 años de antigüedad, con a penas dos pequeñas grietas en una pared con la de palizas que ha llevado durante tooooodos estos años! Vale, de acuerdo, son pisos pequeños, para pobres obreros e inmigrantes, cuyas paredes de papel de fumar hacen que la convivencia con el resto de la comunidad sea más estrecha y unida, pero aunque los materiales sean de baja calidad y las paredes estrechas, rediós, está todo tan bien construído y bien acabado que no puede ser superado por cualquier piso nuevo actual... Ni con los mejores y más modernos materiales actuales! Pisos "modernos" que no superan la semana que ya está todo cayéndose, desconchándose, oxidándose, agrietándose... No lo entiendo, por favor, que alguien me lo explique!!!
Pues esto último era (y es) nuestro caso, que antes de vaciar todas las cajas del traslado la puerta del lababo estaba ya casi para cambiarla, las manillas de las puertas medio oxidadas o algo parecido (alguna aleación o reacción química extraña con el sudor de nuestras manos que provocaba aquel aspecto viejo que hacía un par de días parecía tan explendorosamente joven y nuevo)... Tuvimos también serios problemas con el cierre de una de las ventanas que daban al exterior: se pudo abrir pero luego no se pudo cerrar. Y al tratarse de una ventana enoooooooooorme corría el consiguiente peligro de que se nos cayera encima y atravesáramos su preciado cristal al más puro estilo superhéroe pero sin ser ni "súper" ni "héroe" si no, más de dos hostias se hubiera llevado el encargado de aquella octava maravilla de edificio y "hogar"!!!
Jamás había sido tan consciente de que cuatro paredes pudieran influir tanto en la convivencia de las personas. Pero tiene su lógica ya que si no te encuentras a gusto en un espacio, tampoco estás tan receptiva, empática, amable y como se quiera llamar, con el resto de congéneres. Es como si una fuerza invisible te nublara la visión y cualquier gesto y/o comentario que antes te parecía gracioso ahora se te va clavando en las vísceras hasta que un día, tanto si los planetas están alineados como si no, te atraviesa y no aguantas más... O eso, o cambias de actitud y te buscas algún otro entretenimiento que te haga olvidar que te encuentras todavía entre esas cuatro paredes que te asfixian -piensa en un lugar felíz- como leer, leer mucho (la lectura evade hasta límites insospechados), escribir, perderse en internet... Lo que sea con tal de no mirar hacia los límites físicos de la estancia o hacia el techo. Esto incluye no tirarse hacía atrás en el respaldo de la silla de estudio, y si lo haces, que sea con los ojos cerrados, como si bostezaras de buena mañana, por ejemplo.
Y claro, cada persona lleva las cosas de diferente manera: mejor, peor, pasable, ignorando, analizando... Yo lo llevaba bastante bien hasta ahora, dentro de lo que se podía, gracias a la maravillosa compañía de dos de los colegas que tengo!! Si no fuera por ellos creo que hubiera salido corriendo y gritando a la vez hace ya mucho tiempo. Ahora sólo quiero salir corriendo (mira, como la canción de Amaral!!), ya me he cansado, creo que ahí fuera hay algún lugar mejor donde dejarme caer sobre una silla o donde pueda ir al lavabo sin ver la puerta tambalearse ante mis narices, con el momentáneo estreñimiento que ello provoca, y que las instalaciones puedan funcionar medianamente bien... Observad que sólo pido que funcionen "medianamente", que tendría que pedir que funcionaran "total o completamente bien" que para eso están, pero a estas alturas ya me conformaría tan sólo con "medianamente", que sería todo un desahogo emocional y psicológico para una convivencia... normal!!
Por lo demás, seguimos en pie, con nuestros buenos y no tan buenos momentos, con esos pequeños detalles diarios que son la sal de la vida y sobre todo aguantándonos con infinita paciencia, que falta nos hace y nos merecemos, ya que al menos mis dos compis son maravillosos y se merecen las mejores de las sonrisas cada día... Sólo espero que no me tengan mucho en cuenta esos días (por desgracia cada vez más frecuentes) en los que estoy menos risueña... Why so serious?... Si yo te contara, Joker, si yo te contara...
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